Preguntas y respuestas sobre bulos

El año 2020 ha marcado un antes y un después en nuestras vidas. Este hito no tiene nada que ver con el polémico inicio de década que tanto animó las discusiones en redes sociales durante los días previos y posteriores al repique de las campanadas de la Puerta del Sol. El año 2020 aparecerá como una de esas fechas que en colegios e institutos se rubricará en negrita en las líneas de los “ejes temporales” de la Historia de la Humanidad por la magnitud del fenómeno que ha supuesto la pandemia de COVID-19 en todos los sectores de nuestra vida. Y es que, la COVID-19 ha provocado la mayor destrucción de empleo de la historia, ha tenido un efecto letal en la demografía mundial y ha causado grandes estragos a nivel sanitario. Pero, además, el alcance de este fenómeno también ha tenido consecuencias a nivel informativo.

Más allá de las graves repercusiones sanitarias y socioeconómicas que se derivan de la pandemia, la COVID-19 nos ha permitido asistir a un momento inusual e histórico en la historia de la Comunicación. Esta enfermedad no solo ha desafiado a la capacidad de la sociedad para identificar engaños; también ha puesto en jaque a los olfatos periodísticos más sensible y a las mentes más escépticas. Cientos de bulos sobre COVID-19 han encontrado en esta crisis la oportunidad para expandirse. Y lo han hecho casi al mismo ritmo que la propia pandemia a través de cadenas de texto, audios con información falsa, etc. Pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se apresuraba a alertar de esta “infodemia”, muchos han caído en el error de confiar en ellos.

El Consejo Científico del Colegio de Médicos de Madrid en colaboración con EFE VERIFICA, MALDITA CIENCIA, la Asociación para Proteger al Enfermo de las Terapias Pseudocientíficas (APETP) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), han puesto en marcha un Observatorio Digital para detectar e identificar prácticas que pudieran poner en riesgo la salud de las personas mediante informaciones falsas.

¿Cómo detectar bulos y falsas noticias?

La clave principal es sacar a relucir nuestro perfil más crítico antes de reenviar mensajes escritos, audios o vídeos sin contrastar: identificar el medio del que parte la información, confirmar que la fuente de la noticia es un organismo o profesional autorizado y contrastar la información con la de sociedades científicas, instituciones o profesionales sanitarios.

No hay que fiarse de la información sin firma, puesto de trabajo y cargo, ni de imágenes o vídeos impactantes que creen alarma social, ya que muchas veces están sacadas de contexto o son de otra fecha. Hay que desconfiar de los datos que difieren mucho de las cifras oficiales y de las recomendaciones que no coinciden con las consejerías o Ministerio de Sanidad y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y, sobre todo, si se ven informaciones contrarias a los organismos oficiales.
El espectro clínico de esta infección es sorprendentemente amplio y se extiende desde los cuadros asintomáticos hasta las afecciones más graves capaces de causar la muerte del paciente. Son estos últimos casos los que más preocupan desde la perspectiva de los ancianos contagiados por COVID-19.

Las personas mayores de 65 años son un grupo de población en el que son más frecuentes las enfermedades crónicas y la inmunodepresión. El hecho de que padezcan algunas enfermedades (como el asma, la diabetes o las cardiopatías) les hace más susceptibles a enfermarse gravemente cuando adquieren la infección por SARS-CoV-2. Sin embargo, este virus puede infectar a personas de todas las edades. No es, por lo tanto, de una cuestión de edad sino del estado general de salud de cada individuo.

La OMS aconseja a las personas de todas las edades que tomen medidas para protegerse del virus, por ejemplo, mediante una buena higiene de manos y respiratoria.
¿Cómo afecta el calor al SARS-CoV-2? ¿Es cierto que este coronavirus no es resistente al calor y se muere a una temperatura de 26 a 27 grados? Según las evidencias que tenemos hasta ahora, el virus que causa la enfermedad de la COVID-19 puede ser transmitido en todas las zonas, incluyendo las áreas con clima cálido y húmedo. Lo poco que se sabe se basa en que el virus de la gripe no sobrevive mucho fuera del cuerpo durante el verano y que su propagación se produce con mayor facilidad durante los meses fríos. Pero esto no significa que es imposible enfermarse a causa de uno de esos virus durante otros meses.

Es importante tener en cuenta que la temperatura normal del cuerpo humano se mantiene en torno a 36,5° y 37°, con independencia de la temperatura exterior o de las condiciones meteorológicas. Por lo tanto, no hay razón para creer que el frío pueda matar el nuevo coronavirus o acabar con otras enfermedades. Los expertos desmienten que exista evidencia sobre el efecto del calor en la reducción de propagación que permita prever cómo afectará la temporada del calor al nuevo coronavirus o hasta qué punto va a ser determinante la temperatura para mitigar su propagación.

Hay estudios preliminares a la espera de ser validados por otros científicos que establecen una posible relación entre mayores temperaturas y baja incidencia pero que, son anteriores al actual estado de pandemia.
Beber agua caliente o consumir alimentos ricos en vitamina C son algunos de los consejos de supuestos médicos que han tratado de cerca casos de coronavirus en Italia y China y que están circulando en cadenas de WhatsApp como solución para protegerse frente al contagio por coronavirus. ¿Realmente funciona consumir “abundantemente durante el día bebidas calientes como infusiones, caldos o simplemente agua caliente” porque “estos líquidos calientes neutralizan el virus”?

Según los expertos, no hay ningún alimento (“superalimentos”, alimentos ricos en vitamina C, ajo…) que proteja frente al desarrollo del virus, aunque una alimentación saludable es siempre recomendable. El ajo, por ejemplo, es un alimento saludable que puede tener algunas propiedades antimicrobianas; sin embargo, no se han obtenido pruebas de que comerlo proteja contra el virus que causa el brote actual.

Del mismo modo, poco hará contra el SARS-CoV-2 el hecho de que bebamos líquidos fríos (agua, vino…) o calientes (té, infusiones…) o la cantidad en la que ingiramos estos líquidos. Estos no cambian la temperatura corporal real y no protegen frente al coronavirus. Sin embargo, la ingesta de agua de forma frecuente y abundante, aunque no evita el desarrollo del virus, es necesaria en caso de fiebre para evitar deshidratación.

Tampoco sería una posible solución ante el contagio "tomar sorbos de agua cada 15 minutos". Según este bulo, el líquido hará que el virus llegue más rápidamente a nuestro estómago y el ácido acabará con él. Pero no es más que eso: un bulo.

Actualmente NO existe ninguna vacuna o tratamiento específico para proteger o tratar la COVID-19. La ciencia continúa investigando.
Un rumor que adquirió gran visibilidad en redes sociales y cadenas de mensajes fue la efectividad de la orina infantil frente al nuevo coronavirus. Los expertos han corrido a desmentir que la orina infantil proteja, pues no mata los virus ni las bacterias. De hecho, la orina puede contener pequeñas cantidades de material vírico o bacteriano. Lavarse las manos con orina infantil o limpiar determinadas superficies con ella no le protegerá frente al nuevo coronavirus (2019-nCoV). Lo que sí señalan desde instituciones como la OMS es la importancia de enjabonarse con "con desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón: “Lávese las manos a menudo con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón. Limpie las superficies con desinfectantes domésticos comunes”.

Actualmente NO existe ninguna vacuna o tratamiento específico para proteger o tratar la COVID-19. La ciencia continúa investigando.
El MMS (Solución Mineral Milagrosa, por sus siglas en inglés), no cura el coronavirus así como tampoco una de sus variantes, el dióxido de cloro. El doctor Jaime Barrio Cortés, experto universitario en Investigación en Servicios de Salud y Enfermedades Crónicas, además de Investigador en la Fundación de Investigacion e Innovación en Atención Primaria (FIIBAP) se muestra contundente en su declaración: “Este compuesto puede ser peligroso y, además, es un medicamento ilegal”.

La Agencia Española del Medicamento prohibió el dióxido de cloro producido por la oxidación del clorito de sodio en una solución acuosa. “Todas estas sustancias tienen una acción oxidante fuerte, y su consumo directo en esas condiciones puede producir dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal y metahemoglobinemia” denunciaba en mayo de 2010 la Subdirectora General de Inspección y Control de Medicamentos, Belén Escribano Romero.
Ha habido un consejo que ha circulado con fuerza por redes y plataformas de mensajería, atribuido a un médico de un hospital milanés. El mensaje afirma que "un médico que trabaja en un hospital de Milán recomienda rigurosamente que se utilice un solo par de zapatos para salir de casa y dejarlo fuera de la puerta de la casa una vez utilizados, porque parece ser que el virus puede permanecer durante 9 horas en el asfalto".

No es necesario dejar los zapatos fuera de casa cada vez que se vuelva de la calle porque es una medida de precaución excesiva frente al coronavirus. El doctor Jaime Barrio, del Consejo Científico del Colegio Oficial de Médicos de Madrid (Icomem), ilustra este argumento con el siguiente ejemplo: Para evitar por completo el riesgo de contagio, lo ideal sería que todos llevasen equipos de protección individuales como los que se usan en hospitales para impedir infecciones, pero sería algo excesivo cuando no tratas con personas contagiadas.

Por tanto, del mismo modo que nadie recomienda tampoco el uso cotidiano de gafas especiales de protección para prevenir que una gota infectada pueda llegar directamente a los ojos, no es preciso dejar los zapatos fuera de casa para evitar que una posible partícula con el virus adherido a la suela pueda llegar a los ojos o la boca de alguien dentro del domicilio.

En el caso de domicilios donde viva alguien con un contagio confirmado, probable o en investigación de COVID-19, el Ministerio de Sanidad recomienda limpiar y desinfectar diariamente con "un desinfectante doméstico que contenga lejía" las superficies que se tocan con frecuencia (entre las que cita expresamente mesitas de noche, somieres y muebles del dormitorio), así como las del baño e inodoro.
No. Los aceites y aromaterapias no matan al nuevo coronavirus. Hay desinfectantes químicos que, aplicados sobre las superficies, pueden matarlo, como los desinfectantes a base de lejía o cloro, algunos disolventes, el etanol al 75%, el ácido peracético y el cloroformo. Sin embargo, estos productos tienen una eficacia escasa o nula contra el 2019-nCoV si se aplican en la piel o bajo la nariz y, además, pueden dañar la piel.

Actualmente NO existe ninguna vacuna o tratamiento específico para proteger o tratar la COVID-19. La ciencia continúa investigando.
El aceite de sésamo no mata al nuevo coronavirus. Hay desinfectantes químicos que, aplicados sobre las superficies, pueden matarlo, como los desinfectantes a base de lejía o cloro, algunos disolventes, el etanol al 75%, el ácido peracético y el cloroformo.

Sin embargo, estos productos tienen una eficacia escasa o nula contra el 2019-nCoV si se aplican en la piel o bajo la nariz y, además, pueden dañar la piel.
Una cadena que circula por WhatsApp propone un método para comprobar si estamos infectados de coronavirus. Este consiste en "inhalar profundamente y sostener la respiración durante más de 10 segundos sin toser". No existe evidencia de que aguantar la respiración sea una técnica válida para diagnosticar el nuevo coronavirus. El mensaje de WhatsApp cita a supuestos “expertos de Taiwán” que recomiendan hacer un “autoexamen” cada mañana sosteniendo la respiración por más de 10 segundos. Sin embargo, por ahora el virus solo se detecta con una prueba de laboratorio. El test se basa en la toma de muestras del tracto respiratorio y si es positivo o no concluyente, se toman nuevas muestras para enviarlas al Centro Nacional de Microbiología. La Organización Mundial de la Salud (OMS, por sus siglas) señala que no existen evidencias científicas que permiten decir que con contener la respiración se puede diagnosticar el coronavirus.

Tampoco es cierto que, al manifestarse los primeros síntomas, los pulmones de la persona infectada "puedan estar con un 50% de fibrosis", como indica la cadena. El mensaje indica que “cuando ya se tiene fiebre y/o tos y van al hospital, los pulmones tienen ya el 50 % de fibrosis y es demasiado tarde”. Sin embargo, la COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus, es una infección aguda y no hay tiempo suficiente para que se desarrolle una fibrosis. No hay evidencia científica que relacione la sola presencia de estos síntomas por sí solos con mayor riesgo de desarrollo de enfermedad grave y menos aún fibrosis pulmonar. La fibrosis es la última fase de daño sobre el pulmón que aparece una vez se ha establecido la neumonía. Es decir que aparece al final del todo, como una cicatriz después de una infección muy severa.
El 19 de marzo comenzó a circular un vídeo de Youtube en el que un doctor argentino llamado Mario Pesaresi recomendaba hacer vahos (respirar vapor de agua caliente) como método para reducir el riesgo de infección por coronavirus. Su razonamiento se basaba en que, según la OMS, el coronavirus muere a 56 grados. Así, al respirar vapor más caliente que esa temperatura matamos el virus y se reduce el riesgo de infección. El vídeo ha sido retirado de Youtube, pero provocó mucha confusión.

Los neumólogos se han encargado de desmentir que aspirar vapor de agua hirviendo durante cinco minutos desactive el coronavirus. También han subrayado que la referencia a la temperatura establecida por la OMS se refiere a otro coronavirus y han recordado que, de ser cierto que el vapor caliente desnaturalice las proteínas del virus y lo mate, puede hacer lo mismo con las proteínas de nuestras células y dañar nuestras vías respiratorias. Además, el Covid-19 es un virus al que le encanta la humedad. A más humedad, más capacidad de producir reservorios.

Actualmente NO existe ninguna vacuna o tratamiento específico para proteger o tratar la COVID-19. La ciencia continúa investigando.
No. Rociar todo el cuerpo con alcohol o cloro no sirve para matar los virus que ya han entrado en el organismo. Pulverizar estas sustancias puede dañar la ropa y las mucosas (es decir, los ojos, la boca, etcétera). Tanto el alcohol como el cloro pueden servir para desinfectar las superficies, siempre que se sigan las recomendaciones pertinentes.

Hay varias medidas que se pueden aplicar para protegerse del nuevo coronavirus. Empiece por limpiarse las manos con frecuencia con un gel hidroalcohólico o con agua y jabón. Puede consultar otras medidas de protección recomendadas por la OMS.
El nuevo coronavirus NO PUEDE transmitirse a través de picaduras de mosquitos. Hablamos de un virus respiratorio que se propaga principalmente por contacto con una persona infectada a través de las gotículas respiratorias que se generan cuando esta persona tose o estornuda, por ejemplo, o a través de gotículas (gotas diminutas) de saliva o secreciones de la nariz que se diseminan en el aire.

Hasta ahora no hay información ni pruebas que indiquen que el coronavirus pueda transmitirse por medio de mosquitos. Para protegerse, evite el contacto cercano con cualquier persona que tenga fiebre y tos y practique una buena higiene de las manos y de las vías respiratorias.
Un bulo que ha tenido un amplio recorrido es el que afirmaba que el nuevo coronavirus puede transmitirse a través de monedas y billetes. La información se basa en que el coronavirus puede sobrevivir en una superficie durante horas y en que un objeto puede resultar contaminado por el coronavirus si una persona infectada tose o estornuda encima del mismo o lo toca.

Sin embargo, la realidad es que el riesgo de infectarse a través de las monedas o los billetes es muy bajo. Aunque el dinero es una superficie que se toca con frecuencia y, por tanto, puede colaborar en la transmisión de patógenos, debido al contenido de cobre de al menos el 75% en monedas de euro, se supone que las monedas tienen actividad antimicrobiana. De hecho, sí se ha demostrado que las superficies que contienen cobre muestran actividad antiviral contra el SARS-CoV-2, reduciendo significativamente el período de tiempo que el virus permanece infeccioso (solo 4 horas) en contraste con las superficies poliméricas de las que están hechos los billetes, donde el virus podría sobrevivir varios días. Pese a ello, el riesgo de transmisión del virus a través del dinero, incluso los billetes de banco, está muy por debajo del contacto cara a cara con una persona.

La mejor protección es lavarse las manos frecuentemente con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón. En el caso concreto del dinero, el pago con tarjeta permite evitar el contacto entre personas que se produce al entregar dinero.
Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA) señalaba a principios de abril que el coronavirus podría expandirse hasta 8 metros a través del estornudo de una persona enferma con COVID-19. De acuerdo con esta investigación "la nube de gas producida al toser o estornudar alcanza hasta los 8 metros" ampliando así la medida de protección establecida a 1-2 metros. Los investigadores señalan que los estornudos y la tos -uno de los síntomas del coronavirus- conforman una nube de humo en cuyo interior se encontrarían grupos de gotas de una amplia gama de tamaños. Así, estas gotas de diferentes tamaños podrían "viajar" entre 7 a 8 metros, llevando el coronavirus o un patógeno en ellas.

Además, atrapadas en el aire ambiente, este genera humedad y calor a dichas gotas, evitando que se evaporen durante un porcentaje más largo de tiempo. "En estas condiciones, la vida útil de una gotita producida al toser o estornudar podría extenderse considerablemente por un factor de 1 hasta 1.000, desde una fracción de segundo hasta incluso minutos".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la enfermedad puede propagarse de persona a persona a través de las gotitas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona infectada tose o exhala. En este sentido indican que es "importante mantenerse a más de 1 metro de distancia de una persona contagiada de coronavirus, porque se podrían infectar si inhalan las gotas esparcidas a través de la tos, exhalaciones o estornudos.
En espacios destinados al baño y otras actividades acuáticas, la principal vía de transmisión del SARS-CoV-2 sigue siendo a través de secreciones respiratorias que se generan con la tos y los estornudos y el contacto de persona a persona, por lo que deben mantenerse las recomendaciones generales relativas a cualquier otro lugar, según un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En cambio, la infección del coronavirus por contacto con el agua de condiciones estándar para el baño es muy poco probable. De hecho, no hay evidencias de que puedas contagiarte a través del agua de piscinas.

En piscinas y spa, el uso de agentes desinfectantes está ampliamente implantado con el fin de evitar la contaminación microbiana de las aguas por la afluencia de usuarios, y esta medida debería ser suficiente para la inactivación del virus. Sin embargo, aún no sabemos lo suficiente como para confirmar o descartar completamente esta posibilidad.

A día de hoy no hay evidencias científicas que muestren con certeza cuánto tiempo puede permanecer el SARS-CoV-2 en el agua. La Organización Mundial de la Salud sugiere que los estudios de laboratorio de otros coronavirus que tienen lugar en ambientes bien controlados indican que el virus puede permanecer infeccioso en agua contaminada fecalmente desde días hasta semanas.

En lo relativo al agua el mar, el informe del CSIC sostiene que, aunque actualmente no existen datos de la persistencia del SARS-CoV-2, el efecto de dilución y la presencia de sal son factores que probablemente contribuyan a una disminución de la carga viral y a su inactivación, por lo que sabemos de virus similares. Sin embargo, la supervivencia del SARS-CoV-2 en agua de ríos, lagos, pozas de agua dulce y no tratada es superior en comparación con las piscinas y el agua salada. Por lo tanto, el CSIC aconseja extremar las medidas de precaución para evitar aglomeraciones, siendo estos lugares más desaconsejables en relación con otras alternativas como las piscinas, el mar o las saunas.
Aunque no existen estudios experimentales sobre la prevalencia del virus en la arena de playas o riberas, la acción conjunta de la sal del agua de mar, la radiación ultravioleta solar y la alta temperatura que puede alcanzar la arena son favorables para la inactivación de los agentes patógenos.

Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) arroja algo de luz sobre las probabilidades de contagiarse del COVID-19 en la arena de la playa o en la ribera de ríos. Según indica, aunque no existen estudios experimentales al respecto, se trabaja bajo la hipótesis de que la acción conjunta de la sal del agua de mar, la radiación ultravioleta solar y la alta temperatura que puede alcanzar la arena facilitan la inactivación de los agentes patógenos.

Los autores del informe subrayan que, tanto en piscinas como en playas o ríos o cualquier otra zona de baño natural, la principal vía de transmisión del virus es la tos y los estornudos y el contacto de persona a persona, por lo que deben mantenerse las recomendaciones de distanciamiento social mínimo e higiene, especialmente ante posibles aglomeraciones o si se comparten objetos de uso común en estos espacios.

En este sentido, el informe recuerda que cualquier forma de desinfección de la arena de la playa debe ser respetuosa con el medio ambiente e indica que no es recomendable su desinfección con los procedimientos habituales para espacios públicos urbanos.
Con separación de las mesas de menos de un metro de distancia, sin ventanas y con aire acondicionado, 10 comensales se infectaron por coronavirus del total de 83 que estaban en ese momento en un restaurante. Justo ese día el paciente ‘cero’ comenzó a notar síntomas de tos y fiebre. En los días posteriores se confirmó el contagio por COVID-19 de otras nueve personas que justamente estuvieron sentadas en las mesas bajo el flujo de la máquina de aire acondicionado.

Los autores concluyen que la única fuente conocida de exposición al virus es el paciente 'cero' y que la causa más probable es el contagio por gotas respiratorias, aunque también dicen que esta puede no ser la única explicación. Explican que la transmisión por gotículas fue favorecida por el aire acondicionado. Los propios autores reconocen las limitaciones de su estudio ya que no hicieron una simulación de los flujos del aire en ese espacio.

La comunidad científica aun no tiene claro si el SARS-CoV-2 se transmite por el aire y creen que de permanecer en el aire lo haría en forma de aerosol. La Organización Mundial de la Salud no se ha pronunciado todavía al respecto. El Consejo científico del Colegio de Médicos de la Comunidad de Madrid (ICOMEM) explica que no observan evidencias suficientes en el momento actual que apoyen que el aire acondicionado pueda extender el coronavirus.
¿Es cierto que la pandemia de COVID-19 está causada por el 5G? ¿Cada gran epidemia de la historia ha sido provocada por un salto "cuántico" en la electrificación de la Tierra? Estas preguntas le han surgido a toda aquella persona que haya visto el vídeo protagonizado por el Dr. Thomas Cowan. Nada de lo que dice esta persona es real ni tiene ninguna evidencia científica que lo sustente.

Cowan asegura que la actual pandemia de COVID-19 está relacionada con la implementación de las redes 5G en todo el mundo, pero sus argumentos son falsos. No es cierto que las redes 5G estén implementadas en todo el mundo y tampoco que una de las primeras ciudades donde se puso en marcha el 5G fuese Wuhan, origen del COVID-19. En octubre de 2019 tres empresas estatales de telecomunicaciones chinas anunciaron la instalación de tecnología 5G en varias ciudades, y en la noticia publicada por Reuters en aquel momento se decía que otras grandes ciudades como Pekín o Shangai ya estaban cubiertas.

En este mismo vídeo, Cowan asegura que "los virus son la excreción de una célula intoxicada", una idea que no tiene sustento científico. Los virus solo pueden replicarse invadiendo una célula, introduciendo en ella su material genético y utilizando su maquinaria para reproducirse. Así, cuando una célula está 'intoxicada' o 'envenenada' (palabras textuales de Cowan), no excreta virus. Tiene dos caminos: activar una serie de cascadas metabólicas para detoxificarse, o morir. Pero nunca 'excretar' virus. Cowan continúa con su argumentación insinuando que esa supuesta intoxicación de las células proviene de un aumento "cuántico" en la electrificación de la Tierra y que cuando se expone a un ser vivo a un nuevo campo electromagnético "se le envenena, unos cuantos mueren y los demás entran en un estado de inactividad: viven algo más de tiempo, pero enfermos".

A día de hoy, las evidencias disponibles, que son abundantes (unos 25.000 estudios científicos en los últimos 30 años según la Organización Mundial de la Salud) indican que la exposición cotidiana a los campos electromagnéticos de baja intensidad no parece tener efectos sobre la salud. Aunque la OMS recoge que hay algunas lagunas en este tema, en ningún caso se puede relacionar el aumento de la "electrificación de la Tierra" con las pandemias como la del COVID-19.
El ozono ha aparecido mencionado en los últimos días como posible método de desinfección de superficies o ambientes que puedan estar contaminadas por coronavirus. Aunque hay estudios que apuntan a este gas como método contra algunos agentes infeccioso, el ozono no se encuentra entre los productos de la lista oficial de virucidas autorizados y registrados por el Ministerio de Sanidad como los que deberían ser usados en trabajos de desinfección, ya que han demostrado eficacia frente a virus atendiendo a la norma UNE-EN 14476.

No obstante, el 27 de abril Sanidad publicó una nota técnica en la que afirman que su comercialización está permitida, al menos hasta que concluya su evaluación por parte de la Unión Europea, "siempre que se respeten las medidas de seguridad correspondientes".

El ozono o productos derivados tampoco se recogen como opción válida para acabar con el coronavirus en superficies y objetos en la lista de desinfectantes eficaces contra el SARS-CoV-2 que proporciona la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que además indica aquí que "no se debe utilizar generadores de ozono" ya que "cuando se usa en concentraciones que no exceden los estándares de salud pública, el ozono aplicado al aire interior no elimina eficazmente virus, bacterias, moho u otros contaminantes biológicos".

Ante la proliferación en el mercado de dispositivos productores de ozono, el Ministerio advierte de lo siguiente:
  • Que no se puede aplicar en presencia de personas.
  • Que los aplicadores deben contar con los equipos de protección adecuados.
  • Que, al ser una sustancia química peligrosa, puede producir efectos adversos (vía respiratoria, irritación de piel y daño ocular).
  • Que se deberá ventilar adecuadamente el lugar desinfectado antes de su uso.
  • Que puede reaccionar con sustancias inflamables y puede producir reacciones químicas peligrosas al contacto con otros productos químicos.*
Desde el Centro Nacional de Biotecnología en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CNB-CSIC) se indica que el ozono puede ser un buen desinfectante de superficies no porosas, pero no se ha demostrado su eficacia frente a coronavirus (ni este SARS-CoV-2 ni cualquier otro). Además, hay que tener cuidado con el ozono: la inhalación de ozono es tóxica para los pulmones, la actividad virucida del ozono se da solo a determinadas concentraciones (65-75 microgramos/L) y la limpieza de superficies con lejía tiene los mismos resultados.
Las personas podrían transmitir el coronavirus SARS-CoV-2 a los perros, gatos y hurones. No obstante, todavía no está confirmado que la transmisión se produzca a la inversa, según señala el Ministerio de Sanidad en un nuevo documento científico-técnico sobre el virus. Estos datos indican que podría haber transmisión de humanos infectados a perros, gatos y hurones de forma ocasional. A esta conclusión se ha llegado tras detectarse dos casos de perros con síntomas respiratorios y digestivos en Hong-Kong (China) y de un gato en Bélgica que vivían con una persona infectada. Respecto a cerdos, gallinas y patos, el Ministerio de Sanidad ha asegurado que no se ha logrado observar replicación activa del virus tras la inoculación experimental.

De hecho, tampoco se sabe por ahora el modo en el que pudo transmitirse el virus de la fuente animal a los primeros casos humanos, si bien "todo apunta" al contacto directo con los animales infectados o sus secreciones. En estudios realizados en modelos animales con otros coronavirus se ha observado tropismo por las células de diferentes órganos y sistemas produciendo principalmente cuadros respiratorios y gastrointestinales, lo que podría indicar que la transmisión del animal a humanos pudiera ser a través de secreciones respiratorias o material procedente del aparato digestivo.
Las vacunas contra la neumonía, como la neumocócica y la vacuna contra Haemophilus influenzae de tipo B (Hib) no protegen contra el nuevo coronavirus. El 2019-nCoV es tan nuevo y diferente que es necesario desarrollar una vacuna específica, en la que ya se está trabajando con el apoyo de la OMS.

Aunque las vacunas contra la neumonía no son eficaces contra el 2019nCoV, es muy conveniente vacunarse contra las enfermedades respiratorias cuando está indicado para mantener una buena salud.
Los enfermos de COVID-19 pueden desarrollar trombosis. Desde que se empezó a tratar pacientes con la COVID-19 en China se sabe que en los pacientes graves existen trastornos de la coagulación que requieren tratamiento. Por eso, desde el 13 de marzo la OMS recomienda el uso de heparina de bajo peso molecular en la gestión clínica de los enfermos a los que se sospeche que puedan estar afectados de COVID-19 para prevenir las complicaciones relacionadas con el "tromboembolismo venoso". Pero no hay evidencias de que esta sea la “verdadera” causa de muerte por COVID-19.

Por las evidencias hasta la fecha, el fallo respiratorio es la principal causa de muerte en la enfermedad de la COVID-19, tal y como se publica en un artículo de The Lancet. Es importante recordar que en muchos casos intervienen otras causas, debidas, entre otros factores, a condiciones previas.
Desde la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) señalan que alguno de los fármacos que se están utilizando para tratar a los pacientes con coronavirus han producido con anterioridad hiperpigmentación de la piel. Se trata de la cloroquina y su equivalente funcional: la hidroxicloroquina. Esta última ha adquirido un papel clave como potencial tratamiento frente a la COVID-19.

Otra posible causa de esta hiperpigmentación de la piel (oscurecimiento de la piel) es el daño que el virus produce en las glándulas suprarrenales (órganos situados encima de los riñones). sPero los expertos descartan que el motivo de la hiperpigmentación sean daños en el hígado.