Las bajas laborales crecen y se alargan: cuando el sistema tarda, la recuperación también

19 feb 2026

Rafael Ortega, vocal de Atención Primaria del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM), analiza el último informe de la AIReF y apunta a un factor clave: la incapacidad temporal no solo refleja enfermedad, también refleja “atascos” del sistema.


El debate sobre las bajas laborales ha ganado volumen tras la evaluación publicada por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), enmarcada en su Spending Review 2022-2026. El diagnóstico de partida es nítido: entre 2017 y 2024 la incidencia de la incapacidad temporal por contingencias comunes creció en torno a un 60% y la duración media también aumentó, empujando al alza el gasto asociado.

“Es una fotografía… y no todo es clínica: también es gestión”

En su lectura del informe, Rafael Ortega,  vocal de Atención Primaria de ICOMEM, subraya un matiz que conviene no perder en el ruido: el incremento de las bajas convive con una mayor conciencia social sobre el autocuidado y con una ciudadanía más conocedora de sus derechos en el marco del estado del bienestar.

Pero el punto operativo —el que afecta al día a día— está en otro sitio: se están alargando los periodos de incapacidad y, en una parte de los casos, no por imposibilidad médica estricta, sino por ineficiencias del circuito asistencial. En términos prácticos: si el diagnóstico o el tratamiento se retrasan por demoras en especialistas, pruebas o cirugía, la baja se “estira” aunque el objetivo sea justo el contrario: recuperar antes.

Este enfoque conecta con lo que la propia AIReF analiza sobre la relación entre tiempos de espera en el sistema sanitario y duración de los episodios de incapacidad temporal.

El cuello de botella: salud mental 

Ortega señala además un punto especialmente sensible: la salud mental. Cuando el acceso a psiquiatría o a recursos específicos se demora meses (en ocasiones, incluso más), el sistema pierde velocidad clínica y también capacidad de gestión: el paciente empieza tratamiento, sí, pero puede necesitar evaluación especializada para ajustar, confirmar y sostener el plan terapéutico. Resultado: más tiempo fuera del puesto de trabajo y más carga emocional para el paciente (y para el profesional que lo acompaña).

La evaluación de la AIReF también refleja el peso creciente de los procesos relacionados con salud mental dentro de la incapacidad temporal.

Repartir mejor el trabajo: la incapacidad temporal no debería “vivir” solo en Primaria

Uno de los mensajes más prácticos de Ortega es organizativo: hoy la gestión de la incapacidad temporal puede recaer legalmente en cualquier médico del sistema, pero en la práctica se concentra en Atención Primaria. Su propuesta es de manual (del de toda la vida, el que funciona): quien atiende el proceso debería poder tramitar la baja y estimar tiempos de convalecencia, también desde hospital, urgencias (con cautelas) o consultas externas, evitando duplicar visitas “solo por papel”.

Esta línea no es nueva para el Colegio: ya se defendió impulsar modelos donde el especialista hospitalario pueda iniciar partes de incapacidad temporal para desburocratizar Primaria y evitar consultas duplicadas.

Inspección: intervenir cuando aporta valor 

Sobre el rol de la inspección, Ortega plantea un criterio de eficiencia: que actúe cuando aparecen señales de prolongación injustificada o cuando el médico solicita apoyo, no necesariamente desde el “minuto uno” en todos los casos. En lenguaje de gestión: segmentar, priorizar y poner recursos donde el retorno (clínico y operativo) es mayor.

La discusión sobre reforzar el seguimiento temprano y la mejora de la coordinación entre actores (servicios de salud, Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), mutuas y empresas) está también presente en el debate público tras el informe.

Dos palancas rápidas 

Bajas cortas con baja/alta en el mismo acto (1–4 días): aprendido en pandemia y útil cuando evita una segunda visita solo para firmar el alta, descargando agenda y ansiedad del paciente.

Más capacidad diagnóstica y más recursos “pegados” a la cabecera del paciente: Ortega pone el foco en dos prioridades clásicas que siguen siendo modernas: salud mental y rehabilitación accesibles desde Primaria, además de agilizar pruebas diagnósticas clave (cuando el circuito se eterniza, la baja se cronifica).