La película ‘Alas a la vida’ retrata la vida de un médico con una enfermedad neurodegenerativa

24 oct 2006

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La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) ha colaborado en la realización de la película documental ‘Alas a la vida’, presentada en la 51 Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI). Retrata la historia de Carlos Cristos, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria de 47 años de edad, al que se diagnosticó atrofia sistémica múltiple, una enfermedad neurodegenerativa, invalidante y mortal. Sabida la gravedad, Cristos pidió al director de cine, Antoni Canet, que filmara su lucha por una vida y una muerte dignas pese al dramatismo que implica una enfermedad que en la actualidad le impide caminar, le dificulta hacerse entender y le obliga a depender de un cuidador.




Además de haber ejercido como médico de familia en Mallorca, donde reside, Carlos Cristos ha sido representante de España en la WONCA (Asociación Mundial de Médicos de Familia), músico, inventor, piloto de vuelo libre, patrón de vela y alpinista. A lo largo de la hora y media que dura la película, Carlos reflexiona junto con sus amigos, compañeros médicos e investigadores, sobre las vivencias y los grandes temas asociados al final de la vida. Sin tratamiento sintomático ni causal posibles, "la resignación y la aceptación son racionalmente la mejor estrategia, contribuyendo a no añadir frustraciones y decepciones innecesarias a las que ya encaramos los míos y yo", ha asegurado el protagonista de esta historia real que aborda con objetividad los temas relativos al fallecimiento.

El director acompaña con su cámara, durante tres años a Carlos Cristos, que padece una enfermedad terminal, y le ofrece la posibilidad de hablar con naturalidad del "testamento vital", los cuidados paliativos o la muerte digna. La narración evita los aspectos anecdóticos y morbosos que rodean la situación personal del enfermo. Por el contrario, el paciente se convierte en "excusa" para que expertos médicos comuniquen mensajes sencillos y positivos pero científicamente rigurosos. Como ha dicho el propio Carlos, "el objetivo es ayudar a otros a reflexionar y enfrentarse mejor a algo que nos implicará a todos, finalmente, en primera persona".

El rodaje concluyó este año y se grabaron más de 70 horas. Antoni Canet asegura haber aprendido de esta experiencia que "el final de la vida puede y debe ser confortable". "También he aprendido –continúa- que sólo el enfermo que recorre el último tramo de su camino puede decidir qué es para él la buena vida y la buena muerte. Todos los demás debemos reconocer su libertad como primordial y último derecho individual". Ambos, director y protagonista, coinciden en que no se trata de una película de alguien que desea morir, sino de alguien que lucha por vivir y reconoce que la muerte es una etapa más de esa vida, consagrando su último esfuerzo a que dicha muerte tenga la mayor dignidad".