Carta del presidente del ICOMEM al Defensor del Lector del diario EL PAÍS

31 mar 2021
Carta del presidente del ICOMEM al Defensor del Lector del diario EL PAÍS

Estimado Defensor del Lector,
 
Me dirijo a Vd. en su condición de Defensor del Lector del diario El País y hago expresa referencia al artículo aparecido el 24 de marzo de 2021 con el titular “Más de 1.000 facultativos madrileños, contra el discurso sobre la eutanasia del presidente del Colegio de Médicos”, firmado por Isabel Valdés.
 
Dicho artículo falta a la verdad cuando afirma “El Icomem, no ha respondido a las cuestiones de este diario”. El Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid siempre ha respondido a las cuestiones planteadas por su diario, como lo hizo, sin ir más lejos, cinco días antes de la publicación del artículo en cuestión, el pasado viernes 19 de marzo, festividad de San José. Esa mañana el periodista de El País Emilio de Benito se dirigió por WhatsApp a la asesora y coordinadora de Comunicación del ICOMEM, Isabel Durán, y con la profesionalidad y cortesía que requiere, puesto que como él mismo señaló estaba “molestando” en pleno festivo, le pidió si podía facilitarle alguna persona con la que hablar para un artículo que estaba preparando sobre los puntos oscuros de la ley de eutanasia. Accedí de inmediato a responder a las cuestiones requeridas por El País, sin tan siquiera saber cuáles serían. Emilio de Benito me envió sus preguntas a las 13:14h, las leí a las 13:20h y a las 13:48h el periodista diario El País tenía las respuestas por escrito. El 22 de marzo, El País recogía mis afirmaciones del periódico en el artículo firmado por de Benito “Los interrogantes para poner en marcha la ley de eutanasia”.
 
La firmante del artículo ha perdido una gran oportunidad de transmitir la información de forma contrastada. Si me hubiera llamado, habría sabido que el presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid defiende, como es su principal obligación, el Código de Deontología Médica. Este Código, como dice su Principio General, codifica solo aquellas conductas y situaciones que sean asumidas por la mayoría de la colegiación. Un código, por otra parte, que es relativamente reciente, tiene menos de 10 años, y que indica de forma taxativa: “El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste.”
 
Al Código Deontológico, se suma el informe del Comité de Bioética de España, votado por unanimidad en su plenaria del 30 de septiembre de 2020, máximo órgano asesor del gobierno en este tema, que tampoco deja lugar a dudas: “La eutanasia y/o auxilio al suicidio no son signos de progreso sino un retroceso de la civilización”. Por su parte, la Asociación Médica Mundial, en su declaración de octubre de 2019, es igual de contundente “La Asociación Médica Mundial se opone firmemente a la eutanasia y al suicidio con ayuda médica.” Huelga recordar que la eutanasia está condenada tanto en el juramento hipocrático original “No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante”, como en su última actualización en la Declaración de Ginebra de 2017 “Velar con el máximo respeto por la vida humana”.
 
Si me hubiera llamado, habría sabido que defendemos que una ley de tanta trascendencia para los médicos, así como el conjunto de la sociedad, no debería haberse aprobado sin haber sido consultados y sin tener en cuenta el informe de su propio órgano consultivo, el Comité de Bioética de España, entre otros, más aún en estos momentos de extraordinarios de pandemia. Y porque, además, se trata de una intromisión brutal y sin precedentes en nuestra profesión, y deja desprotegidos a los médicos.
 
Si me hubiera llamado, habría averiguado por qué la eutanasia sí va contra la esencia de la medicina y los médicos están contra ella de forma muy mayoritaria, por mucho que se utilicen encuestas sesgadas y tendenciosas que intenten mostrar lo contrario a la mayoría silenciosa. La dualidad que se está planteando desde algunos estamentos y medios de comunicación (eutanasia o sufrimiento) ignora los cuidados paliativos, que en nuestro país están muy infradesarrollados, según todos los indicadores oficiales internacionales. Los médicos tenemos la obligación de acabar con el sufrimiento, no con el que sufre. 
 
Si me hubiera llamado, habría obtenido puntual respuesta a todas las cuestiones que se plantean en forma de crítica contra el representante de una institución, la organización colegial más grande de España, que cuenta con casi 48.000 colegiados. Además, habría sabido que el ICOMEM no tiene constancia oficial del documento al que se refiere la firmante y, si fuera veraz, representaría un 2% de los colegiados madrileños.
 
Y, por último, si me hubiera llamado sabría que se existe un documento de posicionamiento realizado por un Comité Científico del Profesionalismo del ICOMEM, un comité multidisciplinar e independiente, que concluye que la eutanasia no es un acto médico y solicita, entre otros puntos, estudiar, con la profesión médica y los pacientes, alternativas más acordes con los principios deontológicos de la Medicina.
 
Respetando que El País mantenga la línea editorial que considere oportuna, apelo a su función en defensa del derecho de los lectores a conocer la verdad, y no con el artículo de la periodista en cuestión que sesga y hurta a los mismos de un derecho fundamental reconocido en la Constitución y pilar de las democracias.
 
Atentamente,
 
Manuel Martínez-Sellés D'Oliveiras Soares, Presiente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid.