Nota aclaratoria sobre la postura de la Mesa de Atención Primaria del ICOMEM y las Vocalías de AP Urbana y Rural con respecto a la propuesta de la Gerencia de AP de modificación de horarios para los profesionales de los centros de salud

15 dic 2018
Nota aclaratoria sobre la postura de la Mesa de Atención Primaria del ICOMEM y las Vocalías de AP Urbana y Rural con respecto a la propuesta de la Gerencia de AP de modificación de horarios para los profesionales de los centros de salud

La MESA DE ATENCIÓN PRIMARIA DEL ICOMEM exige un plan de choque urgente de dotación de recursos técnicos y humanos para evitar el colapso de la atención primaria. Considera además inevitable evaluar cómo abordar los cambios necesarios que aseguren la mejor atención con los recursos disponibles.
 
Ante las dudas que están surgiendo acerca del Proyecto de modificación de horarios de atención los centros de salud de la Comunidad de Madrid, los médicos de atención primaria (AP)  de la Mesa del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM) queremos manifestar lo siguiente: 
 
Los miembros de la Mesa de Atención Primaria son elegidos cada 4 años por todos los médicos de atención primaria, para representarles ante los órganos directivos del ICOMEM. 
 
La inmensa mayoría de los médicos madrileños estamos totalmente comprometidos con el mantenimiento de una sanidad pública universal y de calidad, y en contra de cualquier tipo de privatización abierta o encubierta, como no hace muchos años se ha podido comprobar. 
La atención primaria, pilar fundamental del sistema sanitario, está en serio peligro desde hace unos años y la situación está llegando a un punto extremadamente preocupante. Las causas son múltiples, pero una de ellas sobresale a día de hoy por encima del resto: la falta de médicos que quieran trabajar en atención primaria. Pediatras, y también médicos de familia, que dadas las condiciones que se ofrecen, prefieren elegir otros ámbitos de trabajo, irse a otras Comunidades Autónomas o a otros países donde poder trabajar en mejores condiciones. 
 
La propuesta sobre la que se está debatiendo no surge de una imposición o una idea original de la Consejería sino de un grupo de profesionales, fundamentalmente pediatras, que son quienes están sufriendo una situación más grave. Se pusieron por escrito una serie de medidas ya propuestas desde hace años, e ignoradas muchas de ellas de forma reiterada precisamente por la Administración. Medidas encaminadas a salvar del colapso a la pediatría de atención primaria y a la atención primaria en su conjunto y poder garantizar así el modelo de atención primaria pública y de calidad que defendemos. 
 
 
No hay intenciones ocultas por tanto. La Administración simplemente ha entendido y aceptado al fin que esas medidas no se pueden demorar. Y que es necesario iniciar esas propuestas de cambio y evaluarlas para asegurar la supervivencia del sistema público actual. Se podrá estar o no de acuerdo con tal o cual medida, pero cuando se dice que la intención detrás de ellas es favorecer la privatización se está faltando seriamente a la verdad.
 
Un porcentaje elevado de médicos de familia y pediatras van a jubilarse en los próximos 5-10 años. Y no hay recambio generacional. El sistema hasta hoy se ha mantenido, a duras penas en los últimos años, gracias a una generación de médicos (los que se jubilan próximamente) que se formó a finales de los años 70 y principios de los 80 en un gran número por una serie de circunstancias coyunturales que no se van a volver a repetir. 
 
Podría ser necesario aumentar las plazas de formación MIR, sobre todo en algunas categorías especialmente deficitarias como pediatría. Pero formar médicos es un proceso largo y costoso para un país, y no es factible ni sostenible formar un número tan excesivo de médicos que no tengan más remedio que aceptar las condiciones de trabajo que sean, como ha pasado hasta hace unos años. Se está dando un fenómeno desgraciado para el sistema público de un país: gastar mucho dinero en formar médicos excelentes, con una cualificación y capacitación admirada en todo el mundo, que se están yendo a trabajar a otros ámbitos o fuera de España. 
 
Hoy en día, además, los médicos jóvenes, de quienes depende el recambio generacional y por tanto el mantenimiento del sistema, son los más brillantes académicamente de su generación, saben idiomas, están muy cotizados incluso, o sobre todo, internacionalmente y se limitan mucho menos a la hora de concebir su movilidad geográfica y su futuro profesional. El mundo ha cambiado y la movilidad laboral, sobre todo para profesionales escasos y con alta cualificación, es mucho mayor que antes. 
 
Basar la política de recursos humanos, como desgraciadamente se ha hecho hasta ahora, en que los médicos tienen que aceptar las condiciones que sean, está condenado al fracaso tal y como se ha venido demostrando. O a largo plazo pretender ofertar y mantener una sanidad de alta calidad, como tenemos, ofreciendo a los médicos unas condiciones de trabajo que no resisten la comparación con la mayoría de países de nuestro entorno. Un trabajo como el del médico de atención primaria, que en condiciones adecuadas sería y es altamente gratificante, se encuentra desprestigiado enormemente incluso ya para los estudiantes de medicina debido a las condiciones de sobrecarga, horarios de trabajo y escasa remuneración. 
 
Es frecuente escuchar que los horarios laborales en España son ineficientes e irracionales y que deberían modificarse y adaptarse a los parámetros más lógicos de la mayoría de los países desarrollados. Pero no solo no se modifican sino que se pretende que todo gire alrededor de ellos. Igualmente un centro comercial que el sistema sanitario. Aunque eso suponga forzar a ese sistema a ofertar unos horarios de atención que no deberían ser necesarios y con un personal que no tiene. No olvidemos que hablamos de la consulta normal de atención primaria, ya que la urgencia y la atención a la patología aguda que verdaderamente requiere una pronta atención está garantizada las 24 horas del día y en unas condiciones excelentes. 
 
La realidad es que desde hace años suele ser imposible encontrar médicos que suplan las ausencias de los compañeros, con la sobrecarga que eso implica. Reducciones de jornada de médicos (que también tenemos hijos como los demás) sin cubrir por nadie. Pero ya incluso hay plazas en pediatría que nadie, ni pediatra ni médico de familia, quiere ocupar. Miles de niños en la comunidad de Madrid que no tienen médico asignado. Son atendidos por los compañeros que aún quedan, lo mejor que pueden, pero asumiendo una sobrecarga difícilmente ya tolerable. 
En poco tiempo, menos de lo que mucha gente piensa, si no somos capaces de atraer sobre todo a los médicos jóvenes con unas condiciones de trabajo aceptables y competitivas, esas situaciones serán mucho más habituales debido a la falta de recambio generacional, y se producirá irremediablemente el colapso del sistema. Y al necesitar para atender a todos los niños recurrir a más médicos de familia, también escasos por motivos muy similares, igualmente el colapso llegará en la atención de adultos.
 
A pesar de todo ello, se sigue forzando a los profesionales, cada vez con una sobrecarga mayor, a asumir una amplitud en los horarios de atención que no pueden asumir. Sería triste que solo la sociedad se planteara que debe modificar algunas costumbres, entre otras los horarios laborales, cuando llegue el colapso del sistema sanitario. Entonces sí que la privatización puede ser un hecho. Y no parcial o encubierta sino generalizada, y quien sabe si irreversible. 
 
Lo estamos ya viendo claramente en las consultas de pediatría. Hay quien dice que poder citarse con el pediatra solo hasta media tarde implicará privatización de la atención a los niños a partir de esa hora. Y así se lo dicen a la población. Pero precisamente forzar a los pediatras a abarcar un horario de atención insostenible nos ha llevado a que muchos niños no tengan pediatra asignado a día de hoy, ni hasta las 18.30 h ni a ninguna hora. Y a que en unos pocos años, las familias que quieran que a sus hijos les atienda un profesional específicamente formado para ello, puedan necesitar tener que pagárselo en la medicina privada. 
No se puede engañar a la población diciendo que es posible mantener la situación actual. En ningún país del mundo, y ni siquiera en la mayoría de las Comunidades Autónomas españolas, la atención primaria da citas en un horario tan extenso. De momento podemos asegurar que quien lo necesita verdaderamente pueda ser atendido en un horario razonable y, si es urgente, durante las 24 horas del día.  Pero o modificamos algo nuestras costumbres y racionalizamos el uso del sistema sanitario o en poco tiempo perderemos incluso aquello que si es verdaderamente necesario.
 
Por último existe otro factor de desestabilización que es importante no olvidar. Los médicos de atención primaria agradecemos a la gran mayoría de nuestros pacientes su responsabilidad a la hora de utilizar el sistema sanitario. Pero sería engañoso ignorar que un porcentaje de la población, nada desdeñable, lo utiliza inadecuadamente. No solo en la utilización de las urgencias hospitalarias, sino también en atención primaria, un porcentaje importante de las consultas no están justificadas. Ello implica una sobrecarga añadida y excesiva para los profesionales y un perjuicio para quienes realmente necesitan atención. 
 
Eludir la responsabilidad que tenemos como pacientes, o como padres, acerca del cuidado básico de nuestra propia salud o la de nuestros hijos, pone en peligro la viabilidad del sistema. Atender pacientes que acuden por cualquier patología banal, reiteradamente, e incluso solicitando o exigiendo atención rápida o inmediata, desgraciadamente está a la orden del día. Cuando eso sucede en un porcentaje llamativo de la población y se une a la escasez de profesionales, el agotamiento y el fracaso del sistema se hace casi inevitable. 
Ir modificando por tanto determinadas costumbres individuales (un autocuidado básico de la propia salud) y sociales (cambio en los horarios laborales etc.), para adecuar el uso del sistema sanitario a lo que razonablemente puede ofertar en un país como el nuestro es una necesidad urgente. Y por eso apoyamos las medidas que en este sentido se puedan ir tomando. Lo contrario nos encamina a una situación verdaderamente preocupante. 
 
En su última reunión del 12 diciembre la Mesa ha analizado pormenorizadamente cada una de las ventajas e inconvenientes del proyecto presentado por la Gerencia de Atención Primaria en mesa sectorial de 27 de noviembre y del acuerdo de pilotaje aceptado en la Mesa sectorial de 4 de diciembre.
 
Una vez analizadas todos los pros y contras del proyecto, la Mesa considera que el beneficio que puede suponer para la atención primaria empezar a evaluar una modificación en los horarios de atención supera los posibles inconvenientes. Más aún cuando muchos de ellos solo tienen que ver con los ajustes necesarios que siempre se requieren en cualquier mejora y que se pueden perfectamente pulir con el tiempo, empezando con este pilotaje. La resistencia al cambio no debe hacernos perder esta gran oportunidad de empezar a modificar aspectos imprescindibles para salvar a la atención primaria. 
 
Entendemos las incertidumbres que han surgido ya que cualquier cambio implica dudas iniciales, más aún cuando la información que llega a los profesionales no es completa o es precipitada. Por ello en la mesa de 12 de diciembre se planteó a la Gerente de Primaria la necesidad de una mejora de la comunicación con los profesionales acerca del proyecto y aclaración de las dudas que han surgido ante él.  Ayer cada profesional recibió en su buzón corporativo un correo de la gerente aclarando las dudas que se presentaron.